la voz que calma mi caos y la luz que guía mis pasos.
Tu amor y tu presencia siempre será una parte
importante de mi vida, aunque físicamente no estés aquí.
Feliz Día de la Madre.
Padre querido, ejemplo de vida,
con manos nobles y alma encendida,
has sembrado amor en cada día
y hoy recoges una gran familia.
Con tus doce nietos a tu lado,
y siete bisnietos que te han llegado,
has formado un hogar tan hermoso,
lleno de cariño inmenso y generoso.
Cada abrazo tuyo deja huella,
como una luz constante y bella;
porque donde tú estás, hay alegría,
consejo sabio, paz y armonía.
Eres raíz fuerte y bendecida,
el corazón que une nuestras vidas;
y en cada sonrisa de tu gran familia
vive el reflejo de tu sencillez y valía.
La reina que, sin recibir alabanza,
de dar no se cansa. ¡Aclamad a la reina!
A la madre que es heroína vez tras vez.
¡Aclamad a la reina!
La labor que desempeñares
la más ardua y loable entre los hombres.
¡Aclamad a la reina!
A la madre
Anónima, ella, que como reina se honre,
¡A la madre de todos los hombres!
La batalla más dura que jamás se libró,
¿Sabes dónde y cuándo ocurrió?
En los mapas del mundo no la podrás hallar:
La lucharon las madres en su hogar.
¿Quién, cuando tropecé, su mano me tendió,
y hermosos cuentos me relató,
o con un beso mis heridas restañó?
¡Mi madre!
¿Quién me enseñó a rezar al acostarme,
y con su amor lograba siempre calmarme,
¿Velando mí sueño para no despertarme?
¡Mi madre!
¿Quién dio su vida, sus horas y su aliento,
para borrar de mi alma el sufrimiento,
siendo mi guía en todo momento?
¡Mi madre!
Se acerca el calendario a tu fecha, papá,
y en mi pecho un enjambre de versos se agita.
Cerca está el día del padre y soy consciente
de la deuda de amor que mi alma le grita.
Quisiera nombrarte mi faro, mi guía,
el roble que aguanta cualquier tempestad,
pero sé que al mirarte la voz fallaría,
prisionera del miedo a mi propia verdad.
Que frente a ti no podré decir todas estas palabras,
porque el nudo en la garganta es un nudo de honor,
prefiero que leas en mis ojos la calma
que me da tu presencia, tu fuerza y tu amor.
El tiempo no para y su marcha es urgente,
Cerca está el día del padre, lo siento llegar.
Tengo mil "gracias" rondando mi mente,
y un "te quiero" gigante que quiero entregar.
Pero me conozco al tenerte delante,
mi escudo de adulto se empieza a quebrar.
Soy consciente que frente a ti no podré decir
todas estas palabras sin ponerme a llorar.
Por eso te escribo lo que el alma calla:
eres mi héroe en esta batalla.
Te miro y veo años de esfuerzo y de entrega,
un mapa de vida trazado con fe.
A veces olvido decir lo que importa,
pero hoy, te juro, no lo olvidaré.
Cerca está el día del padre y soy consciente,
mientras preparo un abrazo sincero,
que frente a ti no podré decir todas estas palabras
porque el respeto que siento es más fuerte que el cuero.
No podré decirte que eres mi norte,
ni cuánto valoro tu parca lección,
así que acepta este papel que te dice:
"Eres el rey de mi corazón".
Solamente un padre, pero él lo da todo de sí
Para allanar el camino de sus pequeños hijos,
Haciendo, con valentía, coraje, firmeza
Los hechos que su padre hizo por él.
Esta es la línea que escribo para él,
Solamente un papá, pero el mejor de los hombres.
Autor: Edgard Guest
Por cada sacrificio, por cada desvelo,
por cada sonrisa que me diste en el duelo.
Madre, mil gracias nunca serán suficientes,
tu amor ha sido mi faro en lo más profundo de mi mente.
Te escribiría mil poemas, mamá,
pero ninguno alcanzaría
a capturar la esencia de tu alma,
con ese amor que todo lo guía.
Te escribiría mil versos, mamá,
pero ninguno sería suficiente
para agradecerte cada día
todo lo que me has dado.
En tu abrazo cabe el cielo,
y en tu voz, el consuelo de la paz.
Por ti soy quien soy, mamá querida,
y te amo más allá de la eternidad.
Te digo al llegar, madre,
que tú eres como el mar;
que aunque las olas
de tus años se cambien y te muden,
siempre es igual tu sitio
al paso de mi alma.
No es preciso medida
ni cálculo para el conocimiento
de ese cielo de tu alma;
el color, hora eterna,
la luz de tu poniente,
te señalan, ¡oh madre!, entre las olas,
conocida y eterna en su mudanza.
Juan Ramón Jiménez
Manos las de mi madre, tan acariciadoras,
tan de seda, tan de ella, blancas y bienhechoras.
¡Solo ellas son las santas, solo ellas son las que aman!
las que todo prodigan y nada me reclaman!
¡Las que por aliviarme de dudas y querellas!
me sacan las espinas y se las clavan en ellas!
Para el ardor ingrato de recónditas penas,
no hay como la frescura de esas dos azucenas.
¡Ellas cuando la vida deja mis flores mustias!
son dos milagros blancos apaciguando angustias!
Y cuando del destino me acosan las maldades,
son dos alas de paz sobre mis tempestades.
Ellas son las celestes; las milagrosas, ellas,
porque hacen que en mi sombra me florezcan estrellas.
Para el dolor, caricias; para el pesar, unción;
¡Son las únicas manos que tienen corazón!
(Rosal de rosas blancas de tersuras eternas:
aprended de blancuras en las manos maternas).
Yo que llevo en el alma las dudas escondidas,
cuando tengo las alas de la ilusión caídas,
¡Las manos maternales aquí en mi pecho son!
como dos alas quietas sobre mi corazón!
¡Las manos de mi madre saben borrar tristezas!
¡Las manos de mi madre perfuman con terneza!
Alfredo Espino
No es viejo aquel que pierde su cabello o su última muela, sino su última esperanza.
No es viejo, el que lleva en su corazón el amor siempre ardiente.
No es viejo, el que mantiene su fe en sí mismo, el que vive sanamente alegre, convencido
de que para el corazón puro no hay edad.
El cuerpo envejece, pero no la actividad creadora del espíritu.
Para el profano la ancianidad es invierno; para el sabio es la estación de la cosecha.
El crepúsculo de la vida trae consigo su propia lámpara.
Hay una primavera que no vuelve jamás y otra que es eterna; la primera
es la juventud del cuerpo, la segunda es la juventud del alma.
Cuando una noble vida ha preparado la vejez, no es la decadencia lo que está
recuerda: son los primeros destellos de la inmortalidad.
Es estupendo ver un viejo que asume la segunda parte de su vida con tanto
coraje e ilusión como la primera.
Para ello tendrá que empezar por aceptar que el sol del atardecer es tan importante
como el del amanecer y el mediodía, aunque su calor sea muy distinto.
El sol no se avergüenza de ponerse, no siente nostalgia de su brillo matutino,
no piensa que las horas del día lo están echando del cielo.
No se experimenta menos luminoso ni hermoso por comprobar que el ocaso
se aproxima, no cree que su resolana sobre los edificios sea menos importante
o necesaria.
Cada hora tiene su gozo.
El sol lo sabe y cumple hora a hora su tarea.
¡Ah... si todos los ancianos entendieran que su sonrisa sobre los hombres!
puede ser tan!
hermosa y fecunda como ese último rayo de sol antes de ponerse!
¡¡¡Muchas Felicidades a todos los Papás, a los Pepes y Pepitas.!!!
en especial a mi sobrino José
No las grandes verdades, yo te pregunto, que
No las contestarías; solamente investigo
Sí, cuando me gestaste, fue la luna testigo,
Por los oscuros patios en flor, paseándose.
Y sí, cuando en tu seno de fervores latinos
Yo escuchando dormía, un ronco mar sonoro
Te adormeció las noches, y miraste, en el oro
Del crepúsculo, hundirse los pájaros marinos.
Porque mi alma es toda fantástica, viajera,
Y la envuelve una nube de locura ligera
Cuando la luna nueva sube al cielo azulino.
Y gusta, si el mar abre sus fuertes feliz día ebeteros.
Arrullada en un claro cantar de marineros
Mirar las grandes aves que pasan sin destino.
Alfonsina Storni