Bajo el cielo que abraza mi suerte,
en la calma de cada mañana,
bendigo el destino de verte
y la luz que entra por mi ventana.
No hay tesoro que iguale tu vida,
ni fortuna que apague esta llama;
Eres mi tierra siempre querida,
el refugio que mi pecho reclama.
Lo digo al viento, con voz consciente,
mientras el alma la paz experimenta:
afortunada que me siento de tenerte,
más de lo que mi propio labio cuenta.
Eres el verso, el norte y la fuente,
el regalo que el tiempo me dio;
Afortunada que me siento de tenerte.
Pues mi mundo contigo floreció.
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