no podré decir todas estas palabras, estará la familia reunida; por eso,
las escribo con todo el cariño, al "primer amor de mi vida".
Papá, por ti siempre mi amor, a ti, mi sentimental hombre, que
aprisionabas tus lágrimas en unos ojos rojos, llenos de emoción,
cada vez que yo sufría una desilusión o un fracaso.
Así entendí que el hombre sufre quizás más que la mujer, pero le es
negado expresar, por quién sabe qué lógica, su dolor.
Tu niña terca, esta que podía ponerse él los cordones en ese
aparato nuevo o que usaba las muletas para pegarse con otros
niños porque no podía correr.
Sí, gracias a ti, que aprendí a andar sin desfallecer una y otra vez,
me enseñaste a tan mujer como las demás y hacerlas y a conseguir
mis ambiciones perfectamente
Gracias, a esos primeros libros... que me traías del mercado donde
tú trabajabas para poder leer, y que hoy te agradezco por hacer de
mi una buena lectora gracias a aquellas caricias cuando
estaba triste... y me pregunto,
¿por qué escribo?
¡Por qué esta necesidad de expresar mis sentimientos entre líneas!
¡Y sentirme más habladora!
Como ha pasado el tiempo, tu niña se transformó en una mujer con
hogar e hijos, y si me enamoré más de una vez; nunca dejé de ser
aquella Electra, para conservar el amor hacía
su padre, con ferviente admiración, al héroe de mi infancia, al gallardo
varón de mí, adolescencia, al padre protector y amigo de mi juventud.
El ejemplo de hombre y padre, al enamorarme teniendo conciencia,
que no todo es perfección, que no todo es de color de rosa, que es
tan bello amar con defectos y virtudes, sin cobardías en las tempestades,
siempre construyendo los mejores días.
Que un hombre y una mujer merecen todos los derechos, y tienen
ambos las mismas obligaciones, no siendo iguales, siendo complemento,
porque son dos mitades de una unidad.
Mi madre y tú, a quienes debo todo lo que hoy soy, porque no
desfallecisteis en ningún momento, por mi bien, la fuerza que vi, en tus
acciones es modelo para mí, propia fuerza en mis dolores y camino.
Firme tú siempre, con tu mirada amistosa; a pesar de que los años
ya han dejado mella en tus ojos, sigues siendo el primero por encima
de cualquier sentimiento.
Tú sigues sujetando mi mano, como lo hacías cuando era niña,
cada vez que sientes que lo
necesito, en cada cosa que hago, tus sabios consejos; siempre
recuerdo que están aquí presentes.
Esas caricias en la cabeza, esos besos estrechándome la cara,
siempre ha sabido expresar el cariño y el amor por mí sientes.
Pero ¿sabes?, recuerdo tanto la colonia, tus pañuelos, tu forma de andar,
tú silbidos cuando ya vas llegando a casa, y mi corazón se aceleraba,
y la de bailar después de tantos años hay tantos, y tantos detalles en tú
forma de educarnos, a tu manera, esa manera tan "especial".
Si el concepto de respeto quedó en mi mente, nació en tenerte en mi vida.
Gracias por ser mi padre, gracias por decirme tu hija, por todos estos años que
debo a la vida y a Dios el conservarte aún conmigo.
Mil bendiciones, derrame nuestra madre en tu frente; si llegas a tu último día,
que sea ella quien te acompañe y te guíe; por fin así vuelvan a estar unidos.
5/1/09

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