Regálame tu risa, cascada de cristales,
que ahuyenta las sombras y cura mis males,
esa nota libre, sin miedo ni prisa,
que el alma me abraza como una caricia.
Regálame tu risa, faro en la tormenta,
que mi invierno frío de pronto alimenta,
un eco bendito que el aire atraviesa,
borrando de un golpe cualquier tristeza.
Regálame tu risa, jardín florecido,
el único idioma que no tiene olvido;
pues no hay más fortuna, ni mayor tesoro,
que el sol de tu boca brillando como oro.
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