Cuando tus manos rozaron las mías,
el horizonte rompió su frontera;
cesaron por fin las horas baldías
y el invierno se volvió primavera.
No hubo palabras, ni falta que hiciera,
pues el silencio dictó su sentencia:
todo lo que antes pequeño se viera,
cobró una nueva y sagrada elocuencia.
Ya no bastaban las viejas medidas,
ni los mapas de nuestra memoria;
con dos almas al fin convencidas,
nuestro mundo se agrandó en la historia.
Se hizo espacio para cada sueño,
la distancia perdió su veneno,
y en este universo del que eres dueño,
nuestro mundo se agrandó... y fue pleno.
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