Aún escucho el eco de tu voz tranquila
susurrar ese nombre que me daba abrigo:
con solo decirme "Niña", mi alma se abría
y el mundo entero volvía a tener sentido.
Tú que sabías rimar con el alma
y convertir la vida en verso y canción,
me dejaste en el aire tu paz y tu calma
y tu propia poesía grabada en mi corazón.
Hoy te busco en las letras que no se borraron,
en los cuadernos llenos de tu caligrafía,
en todos esos versos que juntas crearon
la historia más bella que guarda mi día.
Sigues siendo el poeta que guía mi camino,
el hermano que nunca me suelta la mano.
Porque aunque te extrañe en esta soledad,
sé que tu recuerdo y tu amor siempre estarán conmigo,
mi querido hermano. J. C
miércoles, 24 de agosto de 2016
El poeta de mi vida
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