La madre es el ser más bonito de la tierra,
el más generoso, es orgullo,
que los hombres más queremos.
Es el único cariño que no engaña,
es el ángel desprendido del cielo.
Hacen mal los que dicen que están solos;
siempre están a su lado,
con el alma o el cuerpo.
Siempre está ahí, siempre esa buena mujer
de grandes ojos, dulce, callada,
sonriente, siempre tiene un pensamiento:
sus hijos, su vida.
Ahí siempre, perdonando las malas jugadas
que los hijos, quizás por sus inexperiencias,
suelen hacer.
Lloran en silencio, sufren en silencio,
sueñan con lo mejor para ellos,
jamás se quejan, pues ante todo están sus hijos,
¡que nadie se los toque!

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