Se detiene el tiempo en tu mirada,
al sostener la vida entre las manos,
una historia en tu piel ya dibujada
y un amor que florece entre los años.
Ayer guiabas pasos inseguros,
enseñando a volar con devoción,
hoy contemplas los frutos del futuro
con la calma que habita tu corazón.
Ser abuelo es amar por partida doble,
es ser refugio, abrazo y ternura,
el roble sabio de madera noble
que contempla a su pequeña criatura.
En ese pecho que hoy late de alegría
no cabe el orgullo ni el agradecimiento,
porque en sus ojos renace la luz del día
y en tu sonrisa, un eterno momento.
domingo, 21 de agosto de 2016
Tres Generaciones
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